Dicen que cada 7 años todas las células del cuerpo han sido completamente reemplazadas por células nuevas. No sé qué tan cierto sea ese dato, pero puede servir como una metáfora. Podríamos decir que para poder vivir, debemos morir por completo cada 7 años.

En el libro “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés se habla de un concepto muy particular: el concepto de “vida-muerte-vida”.

En este concepto vida y muerte van de la mano, y se suceden la una a la otra como sístole y diástole. Vida y Muerte son dos caras de la misma moneda. No puede existir la una sin la otra.

La Muerte representa esa fuerza implacable que arrasa con lo obsoleto para dar lugar a lo nuevo. Es una fuerza evolutiva porque va en favor de la adaptación: permite que la vida se perpetúe en medio de un universo eternamente cambiante.

La vida es en sí misma un proceso, es decir, una sucesión de cambios. Y la esencia de todo cambio es “dejar de ser para comenzar a ser”. Vivir significa morir un poco cada día, y morir un poco cada día nos permite renovarnos, transformarnos, adquirir nuevas cualidades para responder mejor a una realidad esencialmente dinámica e impredecible.

Para poder crecer necesitas romper con tus propios límites, tal como se rompe la vieja piel de la serpiente. Los cambios te invitan a re-definir quién eres cada día. Te dan la oportunidad de desprenderte de lo que ya no va contigo, de lo que te restringe, para poder desarrollar lo que sí favorece la expresión de tu potencial.

Para ser quien quieres ser necesitas dejar de ser lo que has sido.

¿Cómo dejas actuar el cambio en tu vida?

¿Estás consciente de que tú, como persona, eres un proceso en curso?

¿Sabes cuáles son los miedos y apegos que estancan tu evolución?

¿De qué cosas necesitas desprenderte para poder ser más tú mismo?

 

Te invito a que me cuentes acerca de ti. Cuáles son tus desafíos de hoy, qué te está impidiendo alcanzarlos y qué te gustaría que fuera diferente. Conversemos para ver de qué manera puedo ayudarte.

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