El cuerpo habla: a veces en voz baja, otras veces a gritos. ¿Por qué será que en ocasiones no lo queremos escuchar?

Pienso que eso pasa por una razón muy simple: en el fondo sabemos que nuestro cuerpo está respondiendo legítimamente a algo, pero no sabemos cómo enfrentar ese “algo”, por lo tanto hacemos oídos sordos a sus reclamos. Si supiéramos qué hacer y nos sintiéramos capaces de hacerlo, la situación sería muy diferente.

Nuestro cuerpo expresa todo lo que nos pasa por dentro: nos habla a través de sensaciones internas (kinestesia) y también se expresa a través de las posturas y gestos que adopta.

Cuando converses con alguien pon atención en las expresiones de su rostro, la posición de sus hombros, el tono y ritmo de su voz, su manera de respirar… el cuerpo de esa persona te dirá mucho más que sus palabras. Y además, su cuerpo nunca te mentirá: es demasiado difícil hacer que el cuerpo mienta u oculte información.

Por lo mismo es importante que prestes atención a tu propio cuerpo. Observa qué partes de él se tensan, qué partes de él se sienten débiles, qué parte de tu cuerpo está forzando una postura todo el tiempo.

¿Qué te dice la expresión de tu propio rostro en este momento? ¿Hay algún gesto que repitas compulsivamente? ¿Qué será lo que ese gesto quiere decir?

Podemos conversar con nuestra espalda, nuestros pies, nuestra mandíbula. Hay información importante para ti en cada parte de tu cuerpo.

Escuchar tu propio cuerpo es escucharte profundamente a ti mismo; esa es la única manera de guiarte de vuelta hacia tu bienestar y de mantenerte allí. Tal vez te cueste asumir lo que tu cuerpo te quiere decir, pero el primer paso para solucionar cualquier cosa es reconocerla, nombrarla y asumir el desafío que te presenta.

Ahora te invito a cerrar los ojos por tan sólo 15 segundos.

Trae a tu memoria el último recuerdo que tengas de haberte sentido realmente feliz (si no recuerdas nada, inventa la escena que quieras). Entra en ese recuerdo viviéndolo desde adentro.

Quédate ahí un ratito y pregúntale a tu cuerpo cómo se siente.

 

Todo, incluso lo bueno, puede mejorar. 

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