¿Cuál es la línea que separa la sana auto-exigencia del auto-flagelamiento?

Todos sabemos que para conseguir ciertas cosas importantes hace falta esforzarse, y a veces esforzarse muchísimo.

Pero ¿qué pasa cuando ese esfuerzo va acompañado de sentimientos violentos hacia uno mismo, sobre todo cuando las cosas no salen tan bien como quisiéramos? Ahí es cuando aparece ese personaje deleznable: el tirano interno.

Cuando me esfuerzo por lograr un objetivo, ya sea bajar de peso, terminar un magíster, superar un patrón negativo, o lo que sea, puedo hacerlo de dos maneras:

La primera: persiguiéndome y castigándome por cada detalle que hice mal, por cada retraso, por cada cosa que podría haber hecho mejor. Y luego, sacando como conclusión que probablemente soy de los peores.

La segunda: felicitándome por la valentía de asumir el desafío, por cada pequeña o gran etapa superada, por ser capaz de mantenerme firme y constante en mi propósito, por ser capaz de retomar el rumbo cada vez que lo he perdido.

Sin duda la segunda manera es más grata que la primera, y también mucho más provechosa, ya que está demostrado que mantener un estado de ánimo alegre y positivo incide directamente nuestra productividad.

No por nada las empresas más modernas dotan a sus empleados de espacios de esparcimiento y bienestar (salas de juego, lugares agradables donde tomar un café, centros recreacionales). El jefe moderno ya no martiriza a sus empleados: los hace sentir valiosos y los cuida. Y sobre todo, sabe incentivarlos.

Y si tú eres el jefe de tu vida ¿qué trato te darás a ti mismo mientras haces tus cosas?

Aquí te propongo algunos puntos que vale la pena tener presente:

 

No te compares con otros:

Mantén tu foco en tí mismo, observa quién eres, cuál es tu realidad y asúmela tal como es.

Esto quiere decir, por ejemplo, que si eres mujer y tienes hijos pequeños, no estás en igualdad de condiciones respecto de otras mujeres que no los tienen, o que disponen de redes de apoyo mejor consolidadas que las tuyas.

O si tal vez te está inquietando demasiado ver cómo algunos de tus colegas viajan tres veces más que tú, o que cambian el auto cada dos años mientras tú tienes el mismo hace ocho, o que ya tienen su propia casa mientras tú todavía no has… ¡Alto!

Detente y observa… ¿será que tú no puedes viajar tanto porque estás invirtiendo en un proyecto a largo plazo que te exige ahorrar por ahora? ¿Será que tus colegas tienen la suerte de recibir ayuda de familiares, mientras que tú sólo te las arreglas con tu sueldo?

¿Entiendes el punto? Tu realidad, tus prioridades, tus recursos… son lo que tienes. Y son distintos de los de los demás. No tiene sentido perder el tiempo comparándote con todos ellos. Hazte amigo de tus circunstancias y cásate con tus proyectos (pero cásate enamorado, no porque “todos se están casando”).

 

Observa tus sensaciones y utiliza el grado de placidez como referente.

¿Disfrutas de lo que haces? Por supuesto que en cualquier actividad hay momentos difíciles, tensos y estresantes. Pero en general, ¿lo estás pasando bien?

Por herencia cultural muchos siguen creyendo que el esfuerzo debe venir acompañado de sufrimiento, y que el placer es sinónimo de perdición.

Sin embargo, ningún ser vivo busca deliberadamente el sufrimiento. Todos, incluidos los seres humanos, buscamos el placer y el bienestar aunque no lo sepamos conscientemente. En todo lo que hacemos está escondido el propósito de obtener satisfacción, felicidad, alegría, o por lo menos alivio. Una vida de sufrimiento sencillamente no tiene sentido.

A veces en el camino se presentan dificultades o necesitamos postergar el placer por un bien mayor, pero cuando te has olvidado de que tienes derecho a vivir la vida sin andar con un nudo en la panza o en la garganta, hay algo que necesita mejorar.

Si estás en lo que no te gusta, considera seriamente la posibilidad de salir de ahí tan pronto como puedas, simplemente por eso: porque no te gusta estar ahí. Es motivo suficiente. Y siempre, SIEMPRE, hay otras opciones.

Y si estás en lo que sí te gusta, pero vives auto-flagelándote, ¡despierta! porque te estás perdiendo de tu propia fiesta. No permitas que tu tirano interno te avinagre la vida. Date permiso para no ser perfecto, y así y todo, disfrutar tanto como puedas mientras haces tus cosas.

Además, si eres de esas personas que viven bajo la estrecha vigilancia del tirano interno, estoy segura de que te sorprendería escuchar la excelente opinión que los demás tienen de ti. Y sin duda que esa opinión debe ser mucho mejor que la que tú tienes acerca de ti mismo.

 

Dar lo mejor de ti, pero jamás dar hasta que duela.

Que me perdone el Padre Hurtado, pero si estás dando tanto que te llega a doler, es señal de que estás dando más de lo que puedes sostener. Estás minando tu propio capital emocional.

Haz lo mejor que puedas, y reconócetelo. Estás dando el 90% o el 100%, pero no vas a hipotecar tu integridad por dejar satisfechos a los demás. Debes saber que incluso dando un 150% habría personas obtusas que estarían recriminándote por cualquier detalle que hayas dejado pasar.

Asume a esas personas, pero no les des ninguna importancia: no dejes que ellas sean las que determinen el valor de lo que haces. Tú eres el único evaluador, y como eres un jefe moderno, te evalúas pero también te sabes dar feedback positivo, siempre.

Prueba este ejercicio: haz una lista minuciosa de todo lo que hoy hiciste bien. Seguro te sorprenderá lo larga que será, y si haces esto durante tan sólo siete días, algo cambiará positiva y permanentemente en tu manera de tratarte a ti mismo.

 

Aprende a distinguir los mandatos adquiridos de los mandatos propios.

Intenta ser sincero contigo mismo cuando pienses en tus sueños, proyectos y gustos. Muchas veces nos dejamos llevar por lo que otros están haciendo o no haciendo, pero no debemos olvidar que el peor crimen que podemos cometer contra nosotros mismos es malgastar la vida intentando alcanzar un sueño que no nos pertenece.

Yo estoy convencida de que la existencia es tan perfecta que si has venido al mundo con la semilla de un anhelo profundo en tu alma, debe existir una manera sustentable y armónica para que ese anhelo se cumpla. Y es tu deber encontrar el camino que te lleve a hacerlo realidad.

Descubre tu verdadera vocación, aunque te demores décadas. Y cuando la descubras, haz lo que puedas por encontrar la manera de que esa vocación sea tu fuente de ingresos, y que sean buenos ingresos, para que tu trabajo pueda sustentarse y llegar a todos los que necesiten de lo que tú haces.

Asimismo, descubre cuál es el estilo de vida que te hace realmente feliz sin importar lo que los demás opinen, porque a la única persona que puedes hacer feliz es a tí mismo. Regálate el permiso para tener una buena vida, de acuerdo a tus propios parámetros. Pero ojo: ¡una buena vida! no seas mezquino contigo mismo: no rebajes tu estándar. El mundo se beneficiará mucho más de tu talento si estás realmente contento en tu día a día.

Para terminar…

Auto-flagelarse no aporta nada. Muchas veces lo hacemos para que los demás nos refuercen y nos digan “¡pero si lo haces tan bien!”, pero ese refuerzo externo, si no tiene consonancia con tu propia manera de tratarte, es como ponerle pequeña bandita a una tremenda hemorragia. No servirá de mucho.

Deja de provocarte esa hemorragia. Trátate con tanto amor como tratarías a un hijo. Disfruta de ver cómo avanzas día a día, siéntete orgulloso por tu resiliencia y sé paciente con tus defectos. Comprométete con quién eres realmente, cásate con los anhelos de tu alma. Y lo más importante, busca el placer y el bienestar. Estás hecho para eso. Tienes todo el permiso del mundo.

 

¿Tienes algún comentario sobre este artículo? ¿Te gustaría superar a tu tirano interno y alcanzar una vida más satisfactoria? Soy coach neurolingüístico y mi trabajo es ayudarte a alcanzar metas tan importantes como ésta.

Contáctame pinchando este enlace para que veamos de qué manera te puedo ayudar.