“La clave no es dar prioridad a lo que está en la agenda, sino ordenar en la agenda las prioridades”

Stephen R. Covey

¿Cuál es la diferencia entre ser eficiente y ser efectivo?

La eficiencia tiene que ver con el rendimiento en el tiempo: lo hiciste bien y lo hiciste rápido, entonces eres una persona eficiente. Es una mirada parcial que te califica tomando en cuenta solamente una tarea o un rol específicos.

La efectividad, en cambio, va un paso más allá. ¿Cuál es la diferencia?

La verdadera efectividad se basa en el equilibrio.

Puedes ser un profesional muy eficiente y alcanzar un enorme éxito en esa área de tu vida, pero eso jamás compensaría la pérdida de tu salud o el deterioro de tus relaciones personales. Para volverte una persona efectiva necesitas organizarte no desde tus tareas, sino desde tus prioridades.

Las prioridades de tu vida definen tu misión personal. Comienzas a volverte una persona efectiva cuando tienes clara tu misión personal y estás totalmente impregnado de ella. Es un gran “sí” que te moviliza desde dentro activando tu voluntad y tu disciplina casi automáticamente.

Tu misión personal es lo que da sentido a tus acciones. Puede ser que tengas varias misiones personales, dependiendo de los distintos roles que te toque cumplir.

Quieres ser un excelente profesional, pero también quieres ser un buen padre, un buen hijo, un buen amigo, un buen esposo.

No se trata de administrar el tiempo, sino de administrarte a ti mismo tomando en cuenta todas las dimensiones de tu vida, y comprendiendo que eres parte de uno o varios sistemas mayores que que dependen de ti, y de los cuales tú también dependes.

Bajo esta mirada las relaciones cobran un valor infinitamente mayor. Una persona efectiva tiene interés en los resultados, pero sabe que éstos serán mejores y más sostenibles si invierte tiempo y energía en desarrollar cada una de sus relaciones.

Llegas a ser efectivo cuando tus empleados se nutren de tu ayuda y se potencian gracias a ella; cuando tus hijos adquieren autonomía gracias a tu acompañamiento y dedicación; cuando tus redes de apoyo se mantienen vivas y se fortalecen gracias a tu aporte.

Cuando te vuelves efectivo piensas preventivamente. Cada vez tendrás menos problemas urgentes que solucionar y menos crisis que afrontar, porque dedicarás gran parte de tu tiempo a trabajar no sobre los frutos, sino sobre las raíces.

Sabrás distinguir entre lo urgente y lo no urgente, pero más que nada tendrás la maravillosa capacidad de distinguir lo que es importante de lo que no lo es.

 

(Artículo basado en el libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen R. Covey).

 

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